El México de Robin Hood


“Debemos armarnos de paciencia y sabiduría para escuchar qué es lo que quieren los pobres. Ésta es la mejor forma de evitar la trampa de la ignorancia, la ideología y la inercia”.     – Abhijit V. Banerjee

México no se define. Lo queremos todo, queremos eficiencia, para ser competitivos, crecer y generar empleos, y al mismo tiempo queremos distribuir el ingreso y repartir riqueza, lo que en muchos sentidos tiene consecuencias no intencionadas. Esto es porque más eficiencia implica aceptar las normales diferencias de todos, y la equidad implica el sacrificio de cierta eficiencia.

En teoría, repartir la riqueza (la del subsuelo o la que generan unos cuantos) debería mejorar al resto de la sociedad, pero la realidad es que más bien se termina creando más pobreza. ¿Cómo puede ser?  No es tan complicado entender que únicamente se puede repartir la riqueza presente. La riqueza futura no se puede distribuir, porque es poco probable que se produzca, si aquellos que la producen saben que será repartida. Los campesinos en la Unión Soviética mejor trabajaban menos para producir sus cosechas, porque sabían que el gobierno tomaría una buena parte de ellas. O bien mejor sacrificaban a sus animales para comérselos, antes de que el gobierno los tomara.

Todos sabemos que dar un pescado a un hombre, sólo lo alimenta por un día, mientras que enseñarle a pescar lo puede alimentar por toda una vida. Quienes favorecen las políticas de distribución del ingreso hacen dependiente a la gente del gobierno, para que éste les dé más pescado en el futuro. Si la redistribución fuera verdaderamente seria, lo que deberían distribuir sería la habilidad para pescar o ser productivos de otras formas.  El conocimiento, a diferencia de un pescado, puede ser distribuido a la gente sin que esto reduzca el conocimiento de los demás. Esto sí que serviría a los pobres, aunque claramente no a los intereses de los políticos, quienes desean ejercer su poder para obtener los votos de sus dependientes.

En el nombre de la reducción de la pobreza, del desarrollo rural o de la soberanía alimentaria, se desarrollan programas o se reinventan instituciones de “fomento”, que asignan recursos públicos a actividades que no necesariamente serán las más productivas, y que solamente crearán dependencia y despilfarro.

El asunto es que el dinero tiene que venir de algún lado.  Si se hace con impuestos, los individuos que los pagan ahora tendrán menos y, por lo tanto, gastarán menos. Si se financia con préstamos, los inversionistas que compran bonos gubernamentales ahora tendrán menos dinero para gastar, lo que también contrarresta el estímulo de la redistribución. Es como sacar una cubeta de agua de la parte honda de la alberca, para vaciarla en la parte menos honda… simplemente el nivel de agua se queda como está.  Y aun quienes reciben la ayuda pueden decidir ahorrar una parte de lo que reciben, por lo que el “estímulo” para algunos puede no tener el impacto deseado.  Generalmente lo único que se estimula con estos programas es el “rating” de aprobación de los políticos.

Contra todo lo que digan los medios y lo que el público o los políticos parecen creer, no existe ese “dinero gubernamental”. Para que el gobierno dé parte de sus recursos a algunos, debe primero hacer lo siguiente: 1) ponerle impuestos a algunos para obtener el dinero o 2) pedir prestado de algunos otros. En ambos casos esto significa que la redistribución no estimula a la economía. Es simplemente una transferencia de fondos coercitiva del gobierno de un grupo social a otro, lo que ciertamente puede mejorar a uno, pero al costo del bienestar del otro.

Queridos amigos, lo peor de todo es que la cubeta que usa el gobierno para llevar agua de la parte honda a la parte baja de la alberca, está llena de hoyos o muy porosa, por lo que muy probablemente perderemos agua en el camino.

Acerca de Dr. Jaime Velázquez

Soy economista, dedicado a la educación. Promuevo la cultura económica, convencido de que se puede fortalecer la educación ciudadana si se entienden los principios básicos de la economía.
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