“Ni modo niños: Les debemos su regalo” ¿Qué? Mejores escuelas

¿Cuánto cuesta un sistema educativo mediocre?  Recientemente asistí a Colorado en Estados Unidos y tuve la oportunidad de conocer algunas escuelas públicas de buen nivel. Esto fue lo que vi:

En escuelas primarias de un distrito de clase media alta, cada niño con una computadora para sus clases. Los salones, con mesas de trabajo, pizarrones en las cuatro paredes, televisión y proyector, son más el reflejo de un área de trabajo cooperativo, que lo que regularmente vemos en México: un arreglo de bancas ordenadas en filas, con un maestro con regla en mano que habla y habla y que vive escenas como ésta entre un maestro y sus alumnos: “A ver, Mario, allá atrás, despierta a Juan”. “¡Ay, prof, pero si usted lo durmió!”

Durante las clases que tuve la oportunidad de observar, los maestros reflejaban su habilidad para conducir actividades en clase: cuando no discutían, repartían actividades, enseñaban, indagaban, jugaban, simulaban, o provocaban el trabajo en equipo. La gran diferencia: los materiales didácticos, su formación profesional, pero, dependiendo del Estado, todo maestro debe renovar su licencia profesional cada cinco, siete o diez años. De ninguna manera tienen garantizadas sus plazas, ni mucho menos su salario está ligado a la antigüedad. Los maestros deben demostrar estudios de posgrado, horas de formación en instituciones de capacitación como Universidades o centros educativos, aparte de someterse a evaluaciones regulares.

Nuestra reforma educativa es apenas un primer intento para devolverle al Estado la llamada “rectoría”. Pero ser “rector” presupuestal no implica ser el director de la orquesta, ni tampoco es necesariamente lo que todos esperamos. ¿Quiénes si no las instituciones educativas ya formadas y reconocidas por el Estado, para formar maestros? ¿Por qué mantener estructuras centralizadas, currícula escolar inflexible, un monopolio sindical o programas de formación docente dirigidos por la SEP, y no, en cambio, se empodera a las comunidades, a los padres de familia, a las empresas, a las Universidades y a las organizaciones profesionales interesadas en la educación, para delinear de una manera más competitiva nuestro sistema educativo?

Mientras que las familias de estos niños en Estados Unidos cuentan con escuelas públicas que responden al interés de sus comunidades, en México prevalecen muchas deficiencias, lo que ha alentado el desarrollo de la educación privada. Aquellas familias capaces de pagar educación privada (por cierto, no muchas –a lo más un 20% de la población) liberan al Estado de su responsabilidad, pero siguen padeciendo las consecuencias de un sistema educativo “establecido” desde el gobierno, como si éste fuera el mejor educador. ¿O no me digan que el concurso de escoltas o del himno nacional adiciona a las habilidades para la vida que exige el mundo actual?  La patria se construye con trabajo productivo, con responsabilidad individual, pero primordialmente con esfuerzo bien enfocado.

Haciendo cuentas, una familia de clase media paga colegiaturas mensuales promedio de $3,000, desde preescolar hasta la preparatoria –POR HIJO-. Esto resulta en una inversión global, incluidos materiales y otros costos, de unos $600,000 durante toda su formación, que invertidos al 8% anual, reportarían un valor de $1,160,000 al final de la preparatoria.

Aquí la pregunta: ¿Cuánto cuesta no tener un sistema de educación pública de calidad?  Pues visto de esta forma, en un país donde una familia envía a su hijo a una escuela privada, su costo de oportunidad puede ser que no tenga $1,160,000 disponibles para su educación universitaria, para su seguridad social, su vivienda, o su pensión.

Transformar nuestro sistema educativo no es sólo, por lo tanto, una exigencia para el desarrollo del país. Su efecto en las finanzas personales y en el patrimonio personal puede ser enorme. De ninguna manera podemos ceder a las presiones de un grupo de maestros para no cambiar. A la gran mayoría de mexicanos no se les garantiza una fuente de trabajo (ni se puede sin que haya un costo social). El Artículo 5º constitucional establece que a ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. Pero atenta contra los derechos de terceros, particularmente al de los contribuyentes, el que de manera regular un grupo de miles de  “dizque maestros” siga cobrando por lo que no rinde frutos.

Hasta aquí, amigos, nuestra Economía en Una Lección, muchas gracias.

Acerca de Dr. Jaime Velázquez

Soy economista, dedicado a la educación. Promuevo la cultura económica, convencido de que se puede fortalecer la educación ciudadana si se entienden los principios básicos de la economía.
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