¡No inventes, INNOVA!

 

Encasillados en el lugar 66 de 143 países en el Índice Global de Innovación, México demuestra grandes dificultades ya no sólo para crear e inventar, sino para innovar. Innovar no es otra cosa que encontrar mejores formas para hacer algo, lo que incluye adoptar métodos, artefactos, productos o tecnologías ya existentes. Innovar, entonces, no implica INVENTAR, pero sí aplicar MEJORES soluciones para alcanzar metas o necesidades.

Hay innovación cuando se está dispuesto a introducir productos más efectivos, procesos más eficientes, mejores servicios, nuevas tecnologías, o cuando se adoptan ideas diferentes en los mercados, el gobierno o la sociedad en general. La innovación difiere de la invención en el sentido de que innovar implica promover, desarrollar, mejorar o adoptar un método o idea ya existente, mientras que la invención se refiere a la creación directa de una idea, de un producto o de un método que antes no existían. Por ejemplo, un pequeño empresario innova cuando, en vez de continuar con el uso de sistemas manuales, adopta una tecnología digital para su negocio.

¿Por qué es importante esto? Porque en juego está el tipo de crecimiento económico que queremos para México. Uno basado en la explotación de nuestro capital natural (llámese petróleo, que es un recurso no renovable), u otro, basado en mejor capital humano (llámese gente mejor capacitada, que sí puede ser renovable), capaz de innovar, de inventar y de crear mejores bienes y servicios.

Aunque ciertamente no podemos negar que México progresa, también lo es que la velocidad y profundidad a la que deberíamos avanzar y cambiar, nos mantienen POR DEBAJO de la media tabla. De acuerdo con los autores del Índice Global de Innovación (Universidad de Cornell, INSEAD y WIPO), el factor humano es el más importante para dirigir los procesos de innovación en cada país. Analizando los países líderes en innovación,  se evidencia que el factor crucial para adoptar nuevos procesos e ideas para mejorar, es la calidad del capital humano. Es cierto que tener acceso a tecnologías y capital son importantes, pero sin un capital humano capaz de adoptar y leer adecuadamente éstos elementos, difícilmente se puede progresar.

Dado lo anterior, el gran reto es nutrir, a todos los niveles, un mejor capital humano, porque de esto depende nuestra capacidad para innovar. De otra forma, seguiremos destinados a “mano de obra” que respira, suda y come, pero que no produce ideas, que se resiste al cambio, que no arriesga y que solamente espera a que le digan lo que debe de hacer. ¡Activar su individualidad y su responsabilidad es crucial si queremos cambiar!

La creación de una base de capital humano talentoso en cada país,  puede formarse de dos maneras: primero, con una infraestructura de mejores escuelas, universidades y centros de investigación, que eleven la calidad del conocimiento en su sociedad, y segundo, atrayendo capital humano talentoso de otras partes del mundo. Aquellos países capaces de crear y atraer a los mejores talentos se convierten en países que establecen pautas. ¿De qué sirve una buena tecnología, si no tenemos capital humano que sepa leerla o que valore su potencial? ¿No acaso a veces lo intentamos “a la mexicana” pero los resultados son contrarios? Las universidades de Estados Unidos son excepcionalmente efectivas para atraer a los mejores, lo que les ayuda para crear un “ecosistema” de académicos y emprendedores, capaces de establecer algunas de las más grandes organizaciones globales.

El mensaje es muy claro: si queremos construir una nación que dirija su crecimiento con la inteligencia y no con la fuerza BRUTA de su gente (porque es “barata”) o de la explotación de sus recursos físicos y naturales (porque “nadamos en la abundancia”), necesitamos educar a nuestra gente. ¿Cuándo tendremos una verdadera reforma educativa, capaz de movilizar más recursos y de incentivar a todos para ser más innovadores? ¿Dejaremos algún día de creer que es el gobierno el responsable de activar la economía? ¿Llegará el día donde los proyectos contratados por el gobierno reflejen todo su valor? ¿O seguiremos creyendo que con presupuesto público “inflado” es posible crecer? ¿Que asumamos solidariamente la deuda de PEMEX con la idea de que “el petróleo es de los mexicanos”?

Aunque ciertamente pocos jóvenes se convertirán en los brillantes innovadores como Steve Jobs de Apple o Mark Suckerberg de Facebook, sí es posible que nuestra sociedad se convierta en un grupo más innovador, más alerta, más arriesgado, más flexible y más dispuesto al cambio. Dedíquense a lo que se dediquen, innovar y cambiar es lo urgente.

Acerca de Dr. Jaime Velázquez

Soy economista, dedicado a la educación. Promuevo la cultura económica, convencido de que se puede fortalecer la educación ciudadana si se entienden los principios básicos de la economía.
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