¿Sabes para quién trabajas?

“Nadie sabe para quién trabaja”, dice el refrán. Y así las cosas, entre PEMEX y CFE, cuentan con casi 250,000 trabajadores de planta y sindicalizados (Pemex, 150,000; CFE, 100,000),  y más de 115,000 jubilados (PEMEX, 80,000; CFE, 35,000). Una carga laboral de 365,000 trabajadores y jubilados. Juntos, trabajadores y jubilados, podrían llenar seis veces el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, o llenar la Plaza México nueve domingos consecutivos. Y con sus familias, seguramente representan a más de un millón y medio de personas. Y esto es sólo de PEMEX y CFE. ¿Se imaginan lo que saldría si contabilizáramos los pasivos laborales de todas las universidades públicas, el IMSS, ISSSTE y demás gobiernos estatales que no han tenido sus “reformas”?

Los  grandes beneficios laborales de PEMEX y CFE –como sesenta días de aguinaldo, en vez de quince-,  pensiones, primas, bonos y otros más, suman un billón ciento treinta mil millones de pesos ($1,130,000,000,000) para PEMEX, y quinientos mil millones de pesos ($500,000,000,000) para CFE. En total: un billón seiscientos treinta mil millones de pesos ($1,630,000,000,000) en deudas con sus trabajadores. Esto equivale a $4.5 millones de pesos en promedio por cada uno de los 365,000 trabajadores y jubilados. Para sostenerles su “tren de vida”, los diputados proponen que, para terminar la “fiesta en paz”, el Estado mexicano debe asumir “solidariamente” estos compromisos. Pero no con todo, nos consuelan, porque “sólo” sería hasta la mitad, unos ochocientos mil millones de pesos. Pero como la otra mitad sería compromiso de PEMEX y CFE, en término llanos, el 100% le seguirá correspondiendo al Estado. ¿Qué implica esto? Que si el gobierno asume estos pasivos laborales, indirectamente nos estará forzando para trabajar por lo que otros “merecen”, por derechos “conquistados”. ¿Por qué? Porque parte del gasto público se destinará a pagar estos beneficios, y porque parte del gasto público provendrá del pago de impuestos. Lo que falte saldrá de las menores ganancias de PEMEX y CFE (es decir, de menores “rentas” para el Estado mexicano), de una mayor explotación petrolera y energética, o de una mayor deuda, que tendrán que pagar nuestros hijos y nietos. GRATIS NO SERÁ.

La habilidad para “gorronear” con el trabajo de otros (es decir con los recursos de otros), asigna ineficientemente los recursos. Porque cada quien podría estar mejor con sus propios recursos, que dirigidos forzosamente en favor de algunos. ¿Acaso no hay deudas laborales con aquellos que han sido desplazados de oportunidades por estos abusos? ¿A ellos quién se las pagará? ¿Qué tal si cada uno de los mexicanos que será indirectamente forzado a trabajar por cada uno de los trabajadores de PEMEX y CFE, tuviera que ser contactado directamente por estos trabajadores para solicitar su pago? Es decir, que cada trabajador y pensionado de PEMEX y CFE tuviera que contactar directamente a cada contribuyente para cobrar sus cheques. Algunos, seguramente, no tendrían la cara para tocar a nuestras puertas, por razones personales, éticas, o por evitar el conflicto. Obviamente, dado que este arreglo sería imposible, entonces, el gobierno y todos nuestros representantes ofrecen sus servicios para intermediar entre nosotros los conscriptos y los beneficiarios. Por lo tanto, nunca los trabajadores de PEMEX y CFE le darán la cara a los mexicanos que forzada pero “solidariamente” estarán trabajando por ellos. El gobierno será el efectivo intermediario que protegerá a los trabajadores encubiertos de los contribuyentes cautivos.

El gran punto de esta discusión es que toda deuda pública finalmente se convierte en más impuestos. Jamás, oigan lo siguiente, podrá el Estado manejar sus empresas de manera “productiva”, aunque den “borrón y cuenta nueva”. Su interés seguirá siendo otro. Serán productivas para contratar, para influir o para apoyar campañas, pero nunca competitivas.

Sin que medie discusión de por medio o consulta popular, la propuesta de asumir los pasivos laborales de PEMEX y CFE atenta contra la propiedad privada del producto de nuestro trabajo, al transferir recursos de algunos hacia otros. Para evitar el conflicto, con el argumento de que fueron tantos años en desorden, y que todos debemos poner de nuestra parte, no se habla de frente a la nación. De consolación, sin embargo, el PAN lanza otra bomba de humo para distraernos: propone una consulta popular al salario mínimo que compita con la de echar atrás la reforma energética. ¿Tú, qué consulta popular propones?

Acerca de Dr. Jaime Velázquez

Soy economista, dedicado a la educación. Promuevo la cultura económica, convencido de que se puede fortalecer la educación ciudadana si se entienden los principios básicos de la economía.
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