Desorden institucional: cuando se salen con la TUYA

] Bribing

por Dr. Jaime Velázquez H.

jvelazhe@cmeef.org.mx

Insistentemente hemos planteado que buena parte de los problemas nacionales radica en sus instituciones. Aquí un ejemplo. Durante el pasado puente del 20 de noviembre nos enteramos de un bloqueo por más de 10 horas en la carretera México-Cuernavaca, a la altura de Tres Marías, sólo para enterarnos, luego de 10 horas de bloqueo, que el gobierno estatal de Morelos tenía identificados a los responsables: comuneros de la localidad, catalogados como “talamontes”. La propiedad comunal, residuo de lo que en algún momento fue una evolución de la llamada “encomienda” colonial, es una institución que garantiza la propiedad de la tierra a “todos” en la comunidad. Es de todos, pero de nadie en particular al mismo tiempo, por lo que no hay interés genuino de nadie para cuidarla, sino para explotarla. Con la consigna de “la tierra es de quien la trabaja”, Emiliano Zapata parecía hablar más de propiedad privada que de propiedad colectiva. A cambio, sin embargo, la Revolución creó el ejido, una institución agraria de propiedad colectiva, que no pertenece a nadie sino a todos los ejidatarios. Los ejidos, entonces, dan posesión incluso a aquellos que no la trabajan, por lo que bien podemos imaginar su productividad y su efecto en la pobreza rural.

¿Por qué es relevante esto? Porque estamos por escuchar una reforma de estado, que deberá delinear los cambios institucionales necesarios para desarrollarnos. ¿Por qué algunos países progresan y otros no?  Porque nos invaden estructuras –públicas y privadas- que no promueven la construcción de riqueza sino su destrucción. A la causa de Ayotzinapa se le suman otras no muy claras, principalmente de maestros normalistas y disidentes del SNTE, por cierto, otra organización derivada de la revolución institucional. Pocos podemos estar de acuerdo en gastar recursos escasos en maestros que no trabajan, pero menos podemos estarlo en otros múltiples casos, como: pagar recursos escasos en autoridades que se coluden con delincuentes; ¿admitir la construcción de obras públicas que no se licitan adecuadamente, que encarecen facturas o se dan mediante “adjudicación directa”?; ¿elevar la nómina pública cuando sus beneficios sociales no son claros?; ¿aceptar que el gobierno es un buen proveedor de servicios públicos?; ¿que nos regañen en televisión abierta y nos hagan el favor de “aclarar” lo que a todas luces es un conflicto de interés?, ¿que los recursos públicos se asignen para la promoción personal de la imagen pública?, o bien ¿que destinemos millones de pesos a un sistema judicial que no garantiza que otros invadan tus derechos, y que los delincuentes no sólo se salgan con la suya, sino que se salgan con la tuya?

Si la Reforma de Estado que está por anunciarse no atiende asuntos clave como la transparencia, de poco servirán los parches. El cáncer de México es institucional, radica en la centralización de la educación pública, está en el manejo clientelar de sindicatos, persiste en la propiedad pública de la tierra, que da origen a grupos políticos que se benefician de ésta, está en la explotación de los pobres para ganar votos, está en el llamado “reordenamiento urbano” que da discreción a las autoridades para cambiar el uso del suelo o para autorizar mercados ambulantes en la vía pública. Está en la licitación y asignación de obra pública o en la administración de cuotas sindicales. Corrupción aquí y allá.

¿Por qué hay países que progresan y otros como el nuestro parecen destinados a la media tabla?  La economía institucional es muy clara: es la política. Progresan los que implementan instituciones políticas incluyentes. La historia institucional de Europa, Estados Unidos, África o Latinoamérica es contundente: los grupos de poder establecen las reglas que los benefician, a costa de la mayoría. Nuestra cultura o nuestra geografía no parecen destinarnos tanto como el cambio político. Por el bien de México, que así sea.

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Acerca de Dr. Jaime Velázquez

Soy economista, dedicado a la educación. Promuevo la cultura económica, convencido de que se puede fortalecer la educación ciudadana si se entienden los principios básicos de la economía.
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